Alianza del Pacífico y las prácticas de la Unión Europea

Michel Levi
Programa de Estudios Europeos Jean Monnet
Centro Andino de Estudios Internacionales
Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador

La semana pasada tuve la oportunidad de participar en la Ciudad de México, en un importante evento que analizaba, desde diferentes perspectivas, empresariales, académicas y políticas, el impacto de la Alianza del Pacífico (AP) como bloque regional. Uno de los temas que motivó mi presentación fue la limitada capacidad de respuesta institucional que tiene AP frente a diferentes circunstancias que debe afrontar en el futuro cercano.

Si bien la estructura del bloque fue concebida de la forma más sencilla posible, para evitar la “burocracia” que se forma en otros procesos de integración regional que siguen el referente de construcción de la Unión Europea, con un complejo andamiaje institucional y normativo. No cabe duda que la simpleza de las estructuras también puede causar problemas en la gestión de procesos regionales como AP.

Entre los que más llamaron la atención de los invitados, conocedores de la temática, se encuentran los relativos a la capacidad de negociación de acuerdos como un sólo bloque -y no de forma bilateral como en la actualidad-, los mecanismos de armonización normativa limitados por la falta de un mecanismo de solución de diferencias único que establezca precedentes obligatorios para los miembros.

En este mismo contexto nos preguntamos si los ciudadanos del bloque AP tendrían la capacidad de actuar en caso de vulneración de los derechos por parte de un País miembro, entidad jurídica o persona de la Alianza. La estructura está muy concentrada en la homologación de los tratados de comercio. Sin embargo, este trabajo está muy limitado a esos términos arancelarios, sin considerar algunos de los efectos colaterales que mencionamos en estas líneas.

Está claro que los procesos regionales latinoamericanos -por utilizar un genérico- deben establecer mecanismos de desarrollo funcional y normativo acordes a su realidad y objetivos. No obstante, siempre se pueden estudiar y recopilar las mejores prácticas de estructuras como la Unión Europea, que ha logrado perfeccionar la gestión de procesos de gobernanza regional, sin que esto signifique replicarlas o sostener que la vía supranacional es la única forma de integración.

En este sentido, la originalidad de AP sería mayor si lograra conjugar la calidad de gestión de sus objetivos de comercio bajo una estructura funcional y normativa sencilla, pero efectiva, orientada a la preservación de los derechos e intereses de sus países miembros, las entidades jurídicas y los ciudadanos que forman parte del bloque.

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