América Latina para Chirac y Francia

Mg. Florent Sardou
Colaborador del Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Concepción

Es útil recordar que a partir de los años sesenta el subcontinente jugó un papel en la creación, diseño y afirmación de la singularidad de la política exterior de Francia.

Primero, con el General de Gaulle. Hace exactamente 55 años, en 1964, el fundador de la República emprendió dos exitosas giras para afirmar la independencia de Francia frente a los dos bloques, restaurar su “Grandeur”, encontrar una “Tercera vía” entre el capitalismo y el comunismo y fomentar una alianza cultural basada sobre una idealizada “latinidad”. Muchos todavía recuerdan las palabras “la mano en la mano” de De Gaulle en México.

18 años más tarde, en 1981, su sucesor socialista, François Mitterrand, pronunciaba el recordado “Discurso de Cancún” en el cual aspiraba a contribuir al desarrollo del Tercer Mundo vía la cooperación. Estos viajes demostraron una continuidad en la política exterior francesa, la llamada diplomacia “gaullo-mitterrandiana”. Una diplomacia por sobre todo política. Sus ejes estaban conformados por la promoción del diálogo NorteSur, la independencia de Francia (”potencia de equilibrio”), la defensa del multilateralismo y del derecho internacional, un cierto pragmatismo y el respeto de la soberanía y de las naciones.

¿Siguió sus pasos Jacques Chirac, sucesor de François Mitterrand y jefe de los neo-gaullistas?

Viajó a América Latina varias veces (1997, 1998, 2004, 2006) y trató de defender los intereses franceses privilegiando una intensa diplomacia económica más que política, promocionando las grandes empresas galas (en particular con Brasil). En la época de la globalización, en la cual Estados Unidos no tenía rival, trató también de dar mayor protagonismo a Francia en la Región vía la Unión Europea: impulsó las cumbres bianuales UE/ALC, apoyó los Acuerdos de Asociación con México y Chile y mostró un gran interés para crear lazos entre la UE y Mercosur.

También se recordará su preocupación por el medio ambiente. Chirac trató de mantener la influencia de Francia en la Región de manera pragmática, alejándose de la idea de una “excepción francesa”. Un tipo de Soft foreign policy, que se pudo interpretar de distintas maneras: ¿una estrategia para esconder la pérdida de influencia en el mundo o una precursora comprensión de los retos del siglo XXI? La reinvención de una “excepción francesa” en los asuntos internacionales sigue siendo un tema pendiente.

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