Consecuencias del Brexit en el Reino (des)Unido

Ricardo Naredo Fernández
Periodista UdeC, ayudante del Programa de Estudios Europeos

El 30 de diciembre el Parlamento Británico aprobó el Acuerdo Comercial entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido, que establece una nueva relación bilateral para el bloque de Europa y Londres. Esto es sólo una parte del futuro entre ambas partes y ha generado revuelo no sólo entre sus habitantes, sino que también en dos importantes naciones que son miembros del Reino: Escocia e Irlanda del Norte.

En el Referéndum del 2016, ambos territorios decidieron quedarse dentro de la UE. Escocia, por un lado, tenia como precedente la consulta hecha el año 2014 para decidir si querían ser un país independiente o se mantenían como un miembro constituyente del Reino Unido. Aquí ganó la opción de mantenerse como parte de la monarquía británica ya que, si prosperaba la opción emancipadora, su ingreso automático a la Unión Europea no estaba garantizado, perdiendo todos los beneficios de la membrecía, y obligándolos a negociar su ingreso como cualquier otro país europeo.

De igual forma, Irlanda del Norte también tiene pretensiones de divorcio. En este caso, su principal motivación es la reunificación con la República de Irlanda, lo que demuestra las fisuras existentes en la isla. El pasado 24 de enero, el periódico británico Sunday Times publicó los resultados de un sondeo donde se preguntó la opinión respecto a la celebración de un plebiscito independentista.

Entre las conclusiones de esta consulta ciudadana hay dos ideas claras: el 51% de los electores de Irlanda del Norte quieren un referéndum sobre la reunificación de Irlanda, mientras el 52% de los escoceses, sin contar a los indecisos, apoyan la independencia. Claramente la opinión está dividida en los británicos, ya que Inglaterra y Gales no tienen pretensiones independentistas, pero en esta última, los adeptos por la autonomía han llegado al 23%, creciendo 13 puntos porcentuales en cinco años.

La manera en que se ha afrontado la pandemia, sumado al abandono que sienten los escoceses y norirlandeses por tener que afrontar la salida de la Unión Europea contra su voluntad, son claros indicios que el “sentimiento británico” se está esfumando. ¿Estaremos frente a la posibilidad de ver un Reino (des)Unido? sólo el tiempo -y la política de los acuerdos- tienen la respuesta.

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