Conversaciones en la Unión Europea

Gilberto Morales Colipe
Académico Programa de Estudios Europeos UdeC

Europa brinda uno de los ejemplos más efectivos de conversaciones virtuosas y expansivas que permitieron la asociación económica y política que hoy conocemos. Quienes lograron estos resultados crearon un espacio de entendimiento en un contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial. A través del diálogo buscaron fórmulas para aumentar la interdependencia económica entre los países, disminuir los conflictos y lograr acuerdos de moneda y mercado único, estabilidad, movilidad, crecimiento, símbolos y valores comunes. Su lema “Unida en la diversidad” es la base para trabajar por la paz y bienestar social y su himno procedente de la Novena Sinfonía de Beethoven, que musicaliza la “Oda a la Alegría” de Schiller, “expresa la visión idealista de la fraternidad entre los seres humanos”.

Sin embargo, el debate que observamos durante estos días parece alejarse de aquellas conversaciones que enaltecen a Europa. La discusión en torno al Brexit agita el ambiente entre Bruselas y Londres. No es lo mismo conversar tranquilamente que contra el reloj y todo indica que se llegará a “una salida sin acuerdo”. En España llevan meses negociando para formar gobierno y aún no se sabe si habrá investidura o nuevas elecciones. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no llegan a acuerdos. El diálogo de sordos en Reino Unido y España evidencia desconfianza, posiciones rígidas y lenguaje descalificador.

Si las conversaciones son herramientas para la superación de desavenencias y conflictos es evidente que en los casos mencionados se requiere mejorar los espacios de diálogo. Más aún cuando existe base teórica que contribuye al diseño conversacional como lo propone –por ejemplo- la Ontología del Lenguaje. Para encarar un problema conversando se debe aumentar la calidad del lenguaje verbal y no verbal, observar juicios y explicaciones, emociones, coordinación de acciones y construcción de relaciones. Conversar implica escuchar, fluir y conectar. Nada de eso observamos por estos días donde al parecer nadie se pregunta cuál es la conversación o cuales son las conversaciones que faltan para llegar a acuerdos.

Ya sabemos que comprender algo no es resolverlo, pero puede ser el punto de partida para actuar con mayor efectividad, abrir nuevos caminos y generar posibilidades a partir de un trasfondo compartido de inquietudes y una base de confianza que creen las condiciones para conversaciones inexistentes hoy día, aquellas que agreguen valor al debate y contribuyan a un mejor diálogo que beneficie a la ciudadanía europea.

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