Democracia Moderna


Andrea Carolina Schumacher Muñoz
Alumna curso “Experiencia Europeas: ¿Un modelo a seguir?” del Programa de Estudios Europeos UdeC
Tercer año de Medicina UdeC

Es sábado en la noche, su familia verá una película en Netflix. Entre todas las posibles, finalmente hay dos en discusión: “El hoyo” y “Wonder”, tras una votación, muy a su pesar, deciden ver “Wonder”. Es así como empleamos la “democracia” en nuestra vida diaria, en grupos sociales, sin notarlo. La importancia de esto, es que nos permite avanzar como sociedad, solucionar problemas y delimitar “reglas del juego”.

Hace 30 años, nuestro país celebró el retorno a la democracia. Esta transición culminó con el sistema representativo actual. Sin embargo, al mismo tiempo, hay una menor concurrencia a elecciones, una realidad mundial. Europa, en contraste, cuenta con países con mayores índices de satisfacción con la democracia, por lo que algo podemos aprender de ellos.

Las causas de la baja participación electoral son múltiples, siendo la disconformidad con las instituciones y la clase política en general, las más comúnmente mencionados.

Si la ciudadanía no quiere hacerse partícipe de la forma tradicional, es tarea del Estado reencantarla con su rol activo, para promover el desarrollo de una sociedad plena. En nuestros tiempos modernos con “cultura de la inmediatez”, la ciudadanía está dispuesta a manifestar su opinión a través de otros medios, más allá de las urnas.

Para esto podemos tomar experiencias de países del viejo mundo y adaptarlas a nuestra realidad, desarrollando una sociedad más participativa, desde otra perspectiva.

Las redes sociales, que han crecido exponencialmente; la facilidad de acceso a información y la rapidez de su propagación, han influido en cómo nos expresamos. Es por esto, que el Estado podría utilizar estas herramientas a su favor, para educar al país en cuanto a democracia. Por ejemplo, Alemania, ha implementado planes interactivos para formar ciudadanos más informados e interesados en la toma de decisiones. Chile podría adaptar esto a través de tweets, Instagram e incluso memes, educativos, con los que aprender no sea un tedio.

Instar a la ciudadanía aprovechando los múltiples portales web, como lo han hecho con anterioridad Finlandia y Francia, a proponer y debatir sobre proyectos de ley, podría facilitar el dialogo con el Estado.

Así, dar paso a través del uso de la tecnología digital a la democracia deliberativa podría incrementar la confianza en las instituciones y el deseo de participar formalmente de los ciudadanos.

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