¡Dignidad!

Dr. David Mataix
Integrante del Programa de Estudios Europeos

Chile, Hong Kong, Argelia, Sudán, Ecuador, Irak, Líbano, Colombia, Haití … El mundo entero hoy está en crisis y la juventud se ha levantado a protestar. El impuesto sobre las llamadas de WhatsApp en el Líbano, el incumplimiento de los compromisos de Beijing con el sistema específico de Hong Kong, el aumento del valor del metro en Santiago, el precio del pan en Sudán … en todas estas latitudes, razones que podrían parecer insignificantes constituyen chispas que provocan protestas generalizadas. Lo que nos dicen todas estas revueltas juveniles, es que todo esto va mucho más allá de las meras demandas políticas o económicas, porque la crisis es mucho más profunda que unos pocos centavos de impuestos sobre cualquier producto.

En realidad, lo que se puede analizar es que en todas partes los jóvenes están pidiendo dignidad, no sólo para ellos, sino también para sus padres, sus familias, y para todos los ciudadanos de todas las condiciones. Todos denuncian el desprecio que sienten respecto de las clases dominantes y exigen ser escuchados, consultados y considerados a la hora de tomar las decisiones: a dejar de ser sujetos inactivos y convertirse en actores.

Ahora, los gobiernos retroceden y anulan los impuestos previstos o las causas que generaron la chispa, pero ya es demasiado tarde. En Chile, el salario de los parlamentarios se reducirá; en el Líbano el de todos los elegidos se dividirá por la mitad. Pero éste ya no es el tema, el vaso se ha desbordado. La gente se ha dado cuenta de su fuerza. Clases populares, clase media, todos se han unido y se han solidarizado. La unión hace la fuerza, ¡todos lo saben! Y lo que dicen, en todo el mundo es que, en el fondo, es la sociedad en su conjunto el problema: es una en que los jóvenes no se reconocen y en la que sus padres no han logrado la felicidad. Eso también es lo que millones de jóvenes ya habían expresado, hace unas semanas en todo el mundo durante las protestas por el clima y cuyo mensaje transmitió Greta Thunberg a la ONU en septiembre.

Estos jóvenes ven que su mundo se acaba, que se han traspasado ya suficientes límites, tanto en el ámbito ecológico como también en el económico, en el social, hasta en el de la representación ciudadana en las instituciones -las mismas en todas las democracias del globo- creadas en otros siglos y que no corresponden para nada al mundo en el que viven hoy. Se niegan a vivir como sus padres y a aceptar que los líderes decidan solos, entre ellos y finalmente en contra de ellos. El movimiento es en realidad un desafío mucho más profundo en contra de las desigualdades, de las élites, de la globalización y del sistema entero, nacional y mundial. Es un verdadero jaque por la dignidad humana y aquí el gran jugador es la juventud.

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