Efemérides y transiciones

José Manuel Ventura Rojas
Académico Programa de Estudios Europeos Universidad de Concepción

El próximo 9 de noviembre se cumplirán treinta años de la caída del Muro de Berlín. No tengo un recuerdo de haberle tomado el peso cuando sucedió, como cuando acaeció el colapso de la Unión Soviética, poco más de dos años después, siendo casi adolescente. Esto lo señalo para establecer una escala humana en la percepción histórica de un fenómeno que, para quienes viven en la actualidad, resulta, en unos casos, ajeno al mundo que conocen; mientras que, para quienes fueron testigos directos o indirectos, su impacto se ha ido difuminando, aunque por otro lado tengamos hoy una mayor perspectiva.

Para todos, recomiendo la mini-serie documental de Peter Molloy The Lost World of Communism (BBC), que en tres episodios ofrece una completa visión de la vida cotidiana en Alemania del Este, Checoslovaquia y Rumanía. Lejos de una mera nostalgia recreativa, las experiencias de vida que se recogen ofrecen una oportunidad idónea para ejercer una reflexión crítica de cara a la efeméride, que es lo que precisamente no suele hacerse con este tipo de fenómenos, orientados con frecuencia al triunfalismo, al mero esteticismo de moda o a la catarsis dramática autocomplaciente. No hay más que ver el balance de un nuevo doce de octubre, que para muchos pasa sin pena ni gloria y para no pocos de una u otra tendencia se polariza de manera unilateral y maniquea; como si fuera tan fácil juzgar de manera terminantemente positiva o negativa algo tan complejo que, nos guste o no, forma parte de nuestra historia.

Cuando hoy se utiliza la palabra “transición” en política, suele hacerse estableciendo de manera implícita la idea de un cambio de un régimen autoritario o dictatorial a otro democrático (para cuyo entendimiento sigue siendo clave el Prefacio a la Teoría democrática de Dahl). Pero, hace semanas, surgió en una clase la ocasión de señalar la importancia de comprender también fenómenos transicionales inversos.

Buena parte de los gobiernos comunistas de la Europa del Este establecieron regímenes monocráticos (“de partido único”) desde procesos electorales (recuérdese también el ascenso al poder del nazismo en la República de Weimar). Por otro lado, un paseo por diversos foros de opinión en internet resulta altamente preocupante, además de por la ignorancia o tergiversaciones ante los fenómenos históricos ya señalados, también en lo tocante al desprecio olímpico que se vierte sobre experiencias de transiciones democráticas como la española o la chilena.

Quienes se limitan a achacarles errores o culpas que derivan en un nihilismo irresponsable (parecen haber entendido al revés el sentido de la reciente película Joker), como quienes ignoran los errores del pasado, no hacen más que construir nuevos muros de incomprensión. Deberían concentrarse más bien sobre la responsabilidad de enriquecer nuestra experiencia de una mejor comprensión, sine ira et cum studio, del ayer y el hoy, de cara a tratar de mejorar nuestro porvenir.

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