Entre crisis y soluciones

Profesor Segio Sepúlveda Sepúlveda
Programa de Estudios Europeos Universidad de Concepción

La historia enseña no sólo conocer -como dicen algunos de manera burlona- acontecimientos y fechas, sino que también el estudio de los procesos, ello para sacar lecciones y aplicarlas en el presente.

Lo que estamos viviendo en Chile en estos días es una muestra de que cada cierto tiempo ocurren situaciones complejas que logran cambios en el sistema imperante, tanto para bien o para mal, según los prismas con que se miren. Con la situación existente en estos días que han sido turbulentos, afloró el descontento social en torno a un sinnúmero de problemáticas que las elites no solucionaron a su debido tiempo, bajo el espejismo de una aparente paz social y de consensos que cada vez se ven más lejanos.

De Europa podemos tomar varios ejemplos de cambios y expectativas fallidas o realizadas, pero que han marcado sociedades hasta el presente, tales como la Revolución Francesa, las Revoluciones Burguesas, la Revolución Kemalista en Turquía, el mayo de 1968 y la caída del Muro de Berlín, entre otras, las que tuvieron como objetivo mostrar su descontento frente a un estado de cosas y lograr efectos en torno a las peticiones de los diversos grupos de presión. Como muestra de solución a una situación de la que podemos sacar algún ejemplo para solucionar la situación imperante permito recordar lo ocurrido hace algún tiempo con los “chalecos amarillos” en Francia.

El movimiento que enfrentó el gobierno de Macron -que no solamente fue de la clase media descontenta sino que al igual que en Chile fue un malestar que se arrastraba de hace décadas- provocó que se mostrara determinado a llevar a cabo “un gran debate nacional” que se inició en enero de este año y que finalizó en marzo. Esto permitió debatir a todos los franceses en base a cuatro grandes temas: transición ecológica, gasto público, democracia y ciudadanía y del Estado y su organización; ello para lograr un nuevo contrato nacional, estructurar la acción del Gobierno y del Parlamento.

Los resultados fueron considerados una muestra del malestar social para tenerlo en cuenta en paquetes de medidas de mejoras y permitió también abrir el debate en todos los niveles de la sociedad francesa logrando un ejercicio de democracia abierta, sin saltarse el espacio de discusión de la soberanía nacional que es el Parlamento.

El ejemplo que podemos tomar de lo sucedido en Francia es que la clase política y las elites se comprometan a acercarse al Chile real, posiblemente replicar el llamado al gran debate nacional en los plazos similares y esperar que las conclusiones se conviertan en medidas efectivas, las que no necesariamente solucionarán los problemas que se arrastran de hace décadas, pero sí fortalecerá nuestra democracia que hoy se encuentra debilitada por la falta de tolerancia, consensos, generosidad y compromiso de las fuerzas políticas.

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