“Es la economía, estúpido”

Paula Bravo
Integrante del Programa de Estudios Europeos, UdeC.

Esta es la frase que resume la victoria, el año 1992, de Bill Clinton sobre George Bush en las elecciones norteamericanas y fundamentalmente apunta a que para lograr que Clinton le ganara al que fuera en ese momento presidente en ejercicio, muy popular y exitoso; sobre todo en política exterior, debía enfocarse en los asuntos cotidianos del pueblo estadounidense, vale decir, los asuntos económicos, porque era ahí donde existía descontento ciudadano.

Ahora, en el contexto mundial y no sólo referido a la Covid-19, sino que respecto a las profundas crisis institucionales y de representación política de muchos gobiernos, resulta pertinente repensar esta frase por cuanto si nos detenemos a analizar lo que está ocurriendo en modo realpolitik lo que subyace en este juego de poder, disfrazado de democracia, es justamente la economía. Una economía que se encuentra muy lejos de la ciudadanía y, por ende, imposible de regular y es ahí donde la repartición, y en definitiva, lo que importa que es el poder e influencia, sólo alcanza a las élites mundiales.

Y esto se replica en las potencias europeas tradicionales, aunque amparadas por la Unión Europea que busca dar imagen de orden y seguridad económica, a veces, con importantes resultados, en los Estados Unidos, en China, en Rusia y con más fuerza en los países árabes.

Surge, entonces, de manera natural la pregunta acerca de que es lo relevante; ¿quién gobierna o quién maneja la billetera y los acuerdos e intereses económicos? ¿Quién ejerce la política dentro de la caja institucional o quiénes se van por fuera de ella?

En la política tradicional, en palabras del sociólogo político Alberto Mayol, “en el principio fueron las instituciones y ellas eran Dios. Todas las cosas por ellas fueron hechas y sin ellas nada de lo que es hecho, fue hecho. En ellas estaba la vida y la vida era la luz de los habitantes. Y la luz en las tinieblas resplandece”. Sin embargo, la política a través de las instituciones ha sido reemplazada por la economía, por los intereses de unos pocos, por la mayor ganancia por fuera de la caja, por lo que la frase anterior quedaría hoy así: “en el principio fue el dinero y el dinero era Dios. Todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. En él estaba la vida y la vida era la luz de los habitantes. Y la luz en las tinieblas resplandece”. Es decir, todo se trata de la economía.

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