Gobernando problemas complejos

Jeanne W. Simon
Programa de Estudios Europeos
Investigadora Asociada, INCAR – Universidad de Concepción

A casi un año del primer contagio de COVID-19, hay pocos países que han logrado compatibilizar el control con la reapertura social y económica. La excepción ha sido Nueva Zelanda donde la combinación del aislamiento geográfico y un cierre temprano (respetado por la ciudadanía) ha sido central. Además, se cerró las fronteras, restringiendo el ingreso. Así logró reducir los efectos económicos y sociales negativos del COVID-19.

En otros países, el camino a tomar no es claro. Han emergido protestas contra los confinamientos obligatorios y el uso de la mascarilla. Hay debates sobre si se debe cerrar las escuelas, mientras que se mantienen abiertos los restaurantes. En Chile, asignamos mucha responsabilidad a la ciudadanía. No obstante, como veremos en el caso de Suecia, una ciudadanía que cumple no es suficiente cuando el gobierno no orienta bien a la ciudadanía.

Suecia se caracteriza por una ciudadanía que confía en el sector público y respeta las orientaciones dadas por los expertos gubernamentales, y en especial las autoridades técnicas, como la Autoridad de Salud Pública. Esta confianza se basa en la importancia de conocimiento científico en la toma de decisiones.

No obstante lo anterior, Suecia no ha logrado controlar el contagio, y quizás justamente por no exigir el uso de mascarilla. Esta práctica es reconocida mundialmente como efectiva, pero la Autoridad de Salud Pública Sueca no la recomienda por no contar con suficiente evidencia científica. Como consecuencia, la ciudadanía sueca no percibe la necesidad de utilizarla. El gobierno sueco, como autoridad política, se encuentra redactando un proyecto de ley para contar con las atribuciones para obligar a la ciudadanía quedar en casa, pero esta solución parche podría debilitar la confianza en el mismo gobierno.

Para gobernar problemas complejos, se requiere contar con conocimiento científico, pero también se debe actuar de manera oportuna. Para cambio climático, el principio precautorio propuesto por la Unión Europea permite adoptar reglamentos provisionales cuando la evidencia científica es inadecuada. Para evitar la adopción de medidas arbitrarias, se debe proponerlo dentro de un enfoque estructurado de la evaluación, gestión y comunicación del riesgo. Así, gobernar problemas complejos implica mantener la confianza ciudadana mientras que se encuentra este justo equilibrio entre la ciencia y la acción.

es_ESES