Identidades europeas en la ficción

José Manuel Ventura Rojas
Académico del Programa de Estudios Europeos
Universidad de Concepción

Las identidades nacionales son construcciones culturales que, aunque puedan perdurar largamente en el tiempo, están en continua redefinición, interactúan y se mezclan con otras (locales, regionales, sexuales…). Las ideas e imágenes asociadas a representaciones de lo que es “lo alemán”, “lo español”, etcétera, están muy presentes en literatura, películas, canciones y, por ello, deben ser estudiadas con detenimiento y seriedad, en relación a cómo reflejan los problemas de su tiempo; mejor aún cuando ocurre de manera indirecta en los formatos de ficción fantástica.

En el caso de El Ministerio del Tiempo, estrenada en 2015 y cuya cuarta temporada aguardamos con entusiasmo (ojalá el año que viene), su interés comienza por ser algo inédito en España: una serie de ciencia ficción y ambientación histórica que ha avivado enormemente la curiosidad de sus espectadores por diversas épocas y personajes de la Historia española, generando un nutrido fandom internacional, un universo multimedia, adaptaciones en otros países y estudios académicos. Asimismo, las demoras, recortes y vacilaciones sobre su continuidad por parte de Televisión Española manifiestan también una falta de verdadera preocupación estatal por fomentar el interés por la Historia nacional desde aproximaciones indirectas de ficciones de calidad.

Nos preguntábamos con mi esposa cómo habrían afrontado los alemanes esta premisa de una entidad que se ocupase de los viajes en el tiempo para evitar que el pasado cambiase y, con ello, que la Historia no fuera peor de como ha sido. Sin duda, las responsabilidades del nazismo y la Segunda Guerra Mundial suponen un enorme peso limitante de la libertad creativa germana. La respuesta ha sido algo distinto, un abordaje indirecto de los conflictos del pasado en la Historia de Alemania de los últimos setenta años, con una complejidad argumental y estética que van mucho más allá, en profundidad y riqueza. Dark, la primera producción de Netflix en lengua alemana, cuya segunda temporada se estrenó hace poco más de un mes, es más que un entretenimiento de drama y ciencia ficción con elementos fantásticos. No hay allí un “ministerio del tiempo” imitador del imaginario español, que asigna a un ente burocrático estatal esa tutela (y deplora cualquier intento de “privatizarlo”, como se haría en la ficción estadounidense), sino que la responsabilidad sobre el pasado y sus repercusiones en el presente y futuro recaen directamente en las acciones los habitantes de Winden, heredera de Schabbach (aldea escenario de Heimat, la famosa serie aclamada por su retrato intrahistórico de la Alemania del siglo XX).

A diferencia de Stranger Things, con la cual se la ha comparado, su evocación de los ochenta, no persigue una “nostalgia recreativa” (como diría Svetlana Boym), sino una revisión del pasado de carácter crítico, de una inteligencia y una belleza estética como pocas veces se ha visto en la pequeña pantalla. No se la pierdan.

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