¡La relación América Latina-Unión Europea funciona bien!

Gian Luca Gardini,
Profesor catedrático de Relaciones Internacionales
Universidad de Erlangen-Núremberg, Alemania

Colaborador del Programa de Estudios Europeos UdeC.

Muchos analistas consideran que la asociación Unión Europea – América Latina (UE-LAC) sigue estando muy por debajo de su potencial. Esta narativa consolidada tiene tres problemas. El primero, es que no es muy realista y no tiene en cuenta límites objetivos. El segundo, es que genera expectativas muy altas que a menudo causan decepción. Y el tercero, es que no queda claro cuál sería el verdadero potencial de la asociación.

Intentemos dar una mirada más realista y pragmática. La relación UE-LAC es objetivamente muy sólida, a pesar de circunstancias poco favorables. Más allá de los discursos oficiales, la UE no tiene intereses vitales concretos y tangibles en América Latina. Ningún país latinoamericano se encuentra en el grupo de los 10 socios comerciales más importantes de la UE. Ningún país latinoamericano esta en el grupo de los 10 mayores proveedores de petróleo de la UE, y el 70% del gas importado por los europeos procede de Rusia, Noruega y Argelia. Por otro lado, los latinoamericanos sólo representan el 6% de los inmigrantes que llegan a la UE. Estas son limitaciones estructurales, que no dependen de uno u otro gobierno.

A pesar de ellas, la UE sigue siendo un socio clave para América Latina. Es el primer provedor de inversión directa en ALC en términos de stocks, así como el primer proveedor de cooperación al desarrollo y el tercer socio comercial después de Estados Unidos y China. Los países y los ciudadanos latinoamericanos pueden acceder a múltiples programas financiados por Bruselas, en temas tan variados como medio ambiente, digitalizacón, educación, PYMES, lucha contra el crimen organizado, y desarrollo sostenible. En época de Covid-19, la UE movilizó más de 2.4 billones de euros para apoyar a América Latina durante la pandemia. Todo esto certifica que la relación birregional es fuerte, profunda y de alto perfil.

¿Cuál sería entonces el potencial deseable y factible de la relación birregional? No se sabe. ¿Estarían los líderes de las dos regiones dispuestos a poner recursos adicionales significativos para fomentar la relación birregional? Lo dudo. La verdad es que el espacio de maniobra es limitado. Las prioridades de Europa y de América Latina están lejos unas de las otras. No obstante, la relación birregional se esta desempeñando bien, es sólida y vital según cualquier parámetro objetivo. Tendríamos que valorarla más y cambiar radicalmente de discurso. Las quimeras sólo fomentan la demagogia y nada agregan a la valiosa cooperación política, económica y entre nuestra sociedad civil.

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