Taiwán, entre potencias

Los costos económicos, sociales, ambientales, y sobre todo humanos, de un conflicto armado son prohibitivos.

La guerra Ruso – Ucraniana ha capturado la atención mundial desde Febrero del presente año y especial interés ha despertado para los Ministerios de Defensa de Taiwán y China, quienes han seguido muy de cerca las lecciones de guerra que ha dejado el lamentable conflicto europeo. La invasión rusa revivió rápidamente los temores respecto a una contienda que se pensaba dormida, generando teorías sobre la posibilidad de que Xi Jinping siguiera los pasos de Putin, atacando a la “provincia rebelde”, en busca de la reunificación de los territorios y, finalmente, la efectividad del principio de una sola China.

Asimismo, especulaciones respecto a cómo reaccionaría Estados Unidos ante ese escenario fue prontamente planteada. El fracaso de la táctica de guerra relámpago rusa, hizo pensar que desde el gigante asiático serían, como siempre, cautos y pacientes, evitando la proliferación de un nuevo conflicto bélico de escala mundial. Sin embargo, el aterrizaje de la Presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, en territorio taiwanés ha encendido nuevamente la controversia. Es la primera vez en 25 años, que un alto representante de los norteamericanos visita Taiwán y, se produce en un momento en que las relaciones entre las potencias están en uno de sus puntos más bajos.

La cancillería China fue rápida en condenar la visita, calificándola como una seria violación a su soberanía nacional y advirtiendo que tomarían medidas firmes y contundentes para proteger su integridad territorial. Por su parte, el gobierno taiwanés ha confirmado que aeronaves militares chinas cruzaron recientemente su espacio aéreo. La tensión entre las potencias sigue creciendo, generando un riesgo para el mantenimiento del statu quo y, a diferencia de su posición ante la invasión de Ucrania, Joe Biden ha declarado reiteradamente que, en caso de que China ataque a Taiwán, Estados Unidos intervendrá directamente. A ello se suma la advertencia que le hizo Xi Jinping, durante su reciente conversación telefónica, de “no jugar con fuego”. Es necesario, entonces que, ante este escenario, la comunidad internacional tome un rol preponderante buscando disuadir a ambos actores de una escalada bélica. Si algo nos ha enseñado el, aún latente, conflicto entre Rusia y Ucrania, y la historia bélica mundial es que, los costos económicos, sociales, ambientales, y, sobre todo, humanos de un conflicto armado, son prohibitivos.

Rocío Zúñiga
Integrante Programa de Estudios Europeos UdeC
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