Veganos y jueces

Dra. Beatriz Larraín
Integrante del Programa de Estudios Europeos

Universidad de Concepción

Esta semana recién pasada un tribunal Británico declaró que el veganismo es una creencia filosófica que debe ser protegida contra la discriminación, tal como merece protección el profesar una cierta religión, tener una postura política, o tener una cierta orientación sexual. En el caso concreto un hombre alegaba que había sido discriminado por su empleador por ser vegano, y por lo mismo había sido despedido. El tribunal le encontró razón señalando que su creencia en el veganismo ético merecía protección.

Estamos claramente ante un caso de ejercicio de poder político, entendido este último término no como poder político partidista sino en el sentido de un poder que permite definir el tipo de sociedad en que vivimos, cuáles son sus valores y los límites de lo permitido y lo prohibido.

Chile vive realidades similares. El estallido social nos presenta variadas muestras de este poder: desde prohibir a Carabineros el uso de ciertas armas en las protestas, hasta la manifestación abierta en contra de las declaraciones del Presidente por parte de un magistrado.

Hoy quisiera dejar para la reflexión los argumentos a favor y en contra del ejercicio de poder político por parte de los jueces, argumentos aplicables por lo general a cualquier tribunal o sistema político en el mundo.

El mayor argumento a favor es justamente la protección de los derechos de las personas. Desde el surgimiento de los grandes consensos en favor de los derechos humanos post Segunda Guerra Mundial, aparece la necesidad de que existe un órgano encargado de custodiar y reestablecer estos derechos cuando son violados.

Por otro lado, la mayor crítica a este ejercicio de poder político se basa en que el juez es solo un servidor de la ley, cuya función es aplicarla, sin aventurarse más allá. El juez no debe ser un detentador de poder político por la sencilla razón de que nadie lo ha elegido democráticamente para ello. El órgano idóneo, en cuyas manos se reúne el poder soberano, es el Congreso. Este último elegido por la ciudadanía justamente para imponernos reglas, para fijar los límites de lo que está bien y lo que está mal.

Volviendo a nuestro ejemplo inicial del veganismo ético, cabe preguntarse quién queremos que decida por nosotros que categorías de pensamiento o posturas filosóficas merecen protección ¿el juez o el Congreso? Dejaremos planteada la pregunta para una posterior reflexión.

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