Vida pública y vida privada

Paula Bravo
Académica del programa de Estudios Europeos                    Universidad de Concepción

Ya lo dijo Sófocles en Antígona, “Quién con los asuntos de la casa es persona intachable, también se mostrará justo en la ciudad”.

Los primeros días de febrero de este año, un sector importante de la política francesa quedó puesto en jaque luego que el principal y mejor posicionado candidato del presidente Macron (de su mismo partido Lrem, La República en Marcha) a la alcaldía de París, el Sr. Benjamin Griveaux, quedara expuesto al escrutinio público tras la filtración de un video sexual, en donde figuraba él mismo, junto a una mujer que no era su esposa. Acto seguido, el autor de este hecho quedó detenido bajo el cargo de “violación de la intimidad” y “difusión sin el acuerdo de la persona de imágenes de carácter sexual”.

Por parte del político en cuestión, la renuncia a la candidatura resultó en un acto casi lógico, esperable, sin embargo, en Francia surgió una ola de opiniones en torno a la protección de la vida pública de sus políticos, pues ese aspecto era algo que los enorgullecía.

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, un país puritano y protestante, en donde la reputación desde la vida privada lo es todo en Francia la vida sexual ( fuere cual fuere) de sus políticos y dirigentes no es tema. Siempre fueron bien sabidas las aventurillas de Mitterrand, Sarkozy, Hollande, entre otros. Hasta StraussKahn nunca fue recriminado por su feroz apetito sexual; su caída por esta causa se produjo en suelo americano (Nueva York 2011) no en Francia. De aquí la preocupación de los franceses en torno a que antes de este episodio era inimaginable que un acto consentido entre dos adultos pudiera arruinar la carrera de un candidato.

Ahora, este punto nos lleva a pensar en si es posible una separación entre lo que hacemos y vivimos en privado y en público. Sobre todo con los políticos tan cuestionados hoy en el mundo entero.

En nuestros orígenes políticos griegos, en la polis, no existía esta distinción, sino que fluía una coordinación de ambas realidades, no una separación y eso era porque los intereses del hombre como ciudadano, jefe de hogar y persona coincidían; y no era falta de libertad, sino que esta era entendida de otro modo. Pero el aspecto más relevante de todo este asunto fue la aparición de una nueva esfera o escenario: lo social, que va a coincidir con el surgimiento del Estado-nación y con ello el problema de si los funcionarios públicos (mal llamados políticos, por cuanto todos lo somos) tendrían vida privada mientras estén ejerciendo sus respectivos cargos, porque respecto a aquellos que somos absolutamente civiles esto aparece más claro.

Al respecto, existen teorías en uno y otro sentido, pero será el ciudadano quién, finalmente, decidirá si establecemos algún tipo de control y escrutinio sólo con el fin superior de la República.

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